Luces de Navidad en la oficina

Paseando estos últimos días del año por la ciudad de la luz –como se conoce a París desde principios del s. XIX- y, además, iluminada por las luces de Navidad, he reflexionado sobre la influencia de la luz que proyectamos cada uno de nosotros. Si lo traslado al ámbito empresarial, cómo es la luz que aportamos a los demás, la cultura y el propósito empresarial.

En los procesos de coaching ejecutivo hablamos mucho de la autoconsciencia. No como un lujo para unos pocos, sino como una necesidad para liderar con intención. Porque no se trata de brillar más que el resto, sino de saber cuándo es momento de encenderse, a qué intensidad y con qué propósito. A veces, un pequeño destello basta. Otras, hace falta un faro.

Para acabar el año en este cuaderno de bitácora que es mi Blog, os propongo algo divertido. Os invito a un ejercicio de observación consciente en vuestro entorno laboral: analiza la luz de las personas con las que trabajas. No solo su productividad, sino cómo lo hacen: su calidez, claridad, capacidad de revelar lo que otros no ven. Su impacto invisible.

El siguiente paso es asignarles una personalidad en forma de lámpara. Os pongo mi ejemplo. Por mi carácter de doer y experiencia como directivo, suelo aportar foco. Me van las distancias cortas y los grupos reducidos de personas, cuando todos nos podemos mirar a los ojos. Así, mi forma preferida de irradiar luz se asemejaría a la de un flexo de sobremesa. Reconozco en este foco estrategia, movimiento, que es adaptable a las demandas, operativo y versátil, porque me siento confortable y contribuyendo desde mi mejor versión tanto en una reunión del comité de dirección como en un café informal. Al mismo tiempo, el flexo en un gran escenario pierde su sentido, a no ser que ilumine una partitura, por ejemplo.

No es un ejercicio trivial. Es una metáfora potente para identificar roles, estilos y presencias:

  • ¿Quién es esa luz natural, que acompaña y sostiene, sin querer destacar?
  • ¿Y la que se autorregula, según el contexto, como un sensor emocional fino?
  • ¿Quién hace de neón siempre encendido, incluso cuando no hace falta?
  • ¿Conoces algún fluorescente clásico, funcional, pero algo obsoleto?
  • ¿Y la lámpara vintage, esa experiencia discreta, con solera y estilo propio?
  • ¿Quién es ese panel LED en el techo, eficaz, constante, silencioso?
  • ¿Qué otros tipos de lámparas tienes en la oficina?

💡 Y tú, ¿qué tipo de luz has proyectado este año?

Liderar no es iluminar todo el tiempo. Es saber cuándo y cómo hacerlo. Es también saber cuándo apagar el foco para que otros puedan brillar. Es ofrecer luz, no solo tenerla.

En este punto del año, no se trata de escribir una lista más de objetivos. Tal vez basta con preguntarse:

  • ¿Qué luz quiero encender en mí este 2026?
  • ¿Cómo puedo regularla para que aporte más y mejor?
  • Y, sabiendo que la luz interior está directamente conectada con el nivel de autoconsciencia… ¿qué voy a hacer para cultivarla?

En mi caso, este 2026 quiero ser más faro. No un faro omnipresente ni cegador, sino uno que emita destellos cálidos y regulares. Que ilumine sin deslumbrar, que sirva para mantener el rumbo cuando el mar se encrespa. Que inspire desde la intención, no desde el protagonismo.

Os deseo un 2026 lleno de claridad. Y de esas luces que no solo se ven, también se sienten.